miércoles, 24 de junio de 2009

Compañía irónica.

Se estaba riendo de él. Lo sabía. Ella le miraba y sonreía inocentemente, pero sabía que se reía de él.
No, en realidad no. A ella no le importaba nada él, no le quería ni para reirse.
Es curioso que tuviera todas esas sensaciones, después de todo, no era más que un retrato pintado de ella. Solo mirarla, aunque fuera en pintura, le mataba.
De repente una mujer etérea e invisible se le acercó por la espalda riéndose de él.
-Pobre infeliz. Enamorado de una persona que no existe.
Él no sabía de donde salía aquella mujer de aspecto casi fantasmal, pero le contesto con la calma de un loco.
-No existe - repitió él, las palabras de la mujer.
-Ha muerto.
-No solo ha muerto, sino la que ahora habita en su cuerpo es una máscara de felicidad que oculta su verdadero ser. Eso es lo que más odio y me quema. La persona que conocí, ha muerto. No está.
Arrancó la cara del retrato con sus manos con rabia. Ahora el cuadro solo era una mujer sin rostro.
-Aún te hace daño-dijo la mujer.
-Me hace daño su nueva forma de ser-gritó derribando lo que había su paso.
-Con cada latido de tu corazón, la revives. Ella te mata desde dentro.
-¡No! Tengo amigos...amigos que me ayudarán.
La mujer se rió de él.
-¿Es eso cierto? No...no tienes ni un amigo.
-Si, ellos me dan palabras de ánimos para superar todo esto.
-Si, tu lo has dicho...palabras. Pero...¿Quién te ha estado a tu lado?¿Quién te ha visto en persona?¿Quién te ha abrazado?¿Quién te ha consolado? ¡Nadie! Solo te han dicho que te animaras. ¿Eso es la amistad?
Él comenzó a llorar amargamente.
-Eso es mentira, mentira, mentira ¡Mentira!

El gritó resonó en la sala, haciendo eco.
Ella le abrazó, le acarició el pelo y le dijo al oído.
-Te merecías que te abandonara, porque tu destino es estar conmigo.

Y entonces él comprendió, que estaba abrazado a la Soledad.

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