¿Pero qué cojones...?
Vale, mi vida desde que entré en esta mierda no ha mejorado mucho...quizás casi nada. Pero bueno, entonces, si no estuviera aquí ¿qué cojones estaría haciendo ahora? Probablemente me estuviera pegando de ostias en la calle con otras bandas callejeras o mangando carteras, pero...¿qué alguien pague para verme muerto? Es absurdo. Seguro que yo no soy el verdadero objetivo de toda esta mierda, no soy tan importante, pero aun así estaría muerto.
¡Su puta madre! ¿De qué cojones me ha servido entonces no meter las narices en lo que no fueran mis asuntos? ¿Para qué coño me ha servido no abrir la boca durante todo este tiempo?
Bueno...es que tampoco se me da bien las ostias verbales, que le vamos a hacer. Esa se las dejo a Gabriel y sin embargo Mariam las mata callando...pero las mata. Fuera de lo militar, no soy divertido, no soy hablador, no soy interesante, soy un puñetero mueble, pero porque no me interesa nada de todo esto. Esta causa (¿qué causa?) no es la mía. La raza...se supone que son los míos, y sin embargo ¿qué cojones han hecho por mí? Casi lo mismo que el resto. Si muevo un dedo, lo hago por Gabriel o por Mariam, quizás el novato (aunque no me fíe un pelo de lo que se le pasa por la cabeza, sea suyo o alguna paranoia que le metan en la cabeza, como si las suyas propias no fueran suficiente).
¿Pero yo que cojones hago aquí? Lo único que hago aquí es esperar a que me necesiten.
Ya no me queda nadie. Gabriel sacó a Laura de toda esa mierda en la que le metí sin yo quererlo, ni me acerqué a ella apenas para salvarla...eso era lo que quería ese cabronazo manipulador, que me acercara a ella, pero fui tan cabezón que no quise darle el gustazo. Aunque ahora que lo pienso, quizás fue una cagada por mi parte. En fin...sin Gabriel y sin Mariam quizás ella siguiera aquí y yo estaría más amargado de lo normal. He decidido no volver a verla, no haría más que empeorar las cosas. Y hay algo que se aprende aquí...y es a no querer nada, porque cualquier cabronazo te cogerá por ahí.
Y encima, he atraído una mala bestia que casi nos mata a todos. Resultado, Gabriel con una hemorragia interna y Mariam en coma, cojonudo...y el más prescindible de los tres sano y salvo. ¡Manda cojones!
"Veo que tienes dos nuevos vectores" dice Momotaro, no se si admirado o aburrido.
Sí, pero no los quiero a costa de la vida de dos...¿amigos?
Sería un mal cambio.
¿Para qué quiero dos vectores más...si no puedo protegerlos?
Amigos...
Ni puta idea. Nunca los tuve. Creo que se nota.
Aún así...quiero protegerlos. Aunque saben cuidarse mejor que yo... Por fin sé qué hacer con estas cosas que llaman vectores. Ahora sé para qué los quiero
Quiero darles ese uso...aunque sé que no me necesitan.
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jueves, 2 de diciembre de 2010
lunes, 16 de noviembre de 2009
Daniel Robles Ramos.

Mi nombre es Daniel Robles Ramos.
No sé por qué, pero necesito escribir mi historia, tal vez para desahogarme, o quizá para reorganizar mis ideas y comprender que hago en este autobús de mala muerte. Lo triste es que tengo que escribir en mi papel de fumar.
Ahora hemos parado en Sevilla, y casi todos los viajeros han salido del vehículo, muchos están mareados por el viaje.
El paisaje es muy diferente al de Madrid, me siento perdido, pero no me arrepiento de nada, porque pienso volver a recuperar lo perdido.
No sé por qué, pero necesito escribir mi historia, tal vez para desahogarme, o quizá para reorganizar mis ideas y comprender que hago en este autobús de mala muerte. Lo triste es que tengo que escribir en mi papel de fumar.
Ahora hemos parado en Sevilla, y casi todos los viajeros han salido del vehículo, muchos están mareados por el viaje.
El paisaje es muy diferente al de Madrid, me siento perdido, pero no me arrepiento de nada, porque pienso volver a recuperar lo perdido.
Nací en 1988 en Madrid. Supongo que tuve un padre y una madre biológicos, pero ellos son un misterio para mí. Lo primero que recuerdo vagamente es mi paso por orfanatos, comedores infantiles y toda esa mierda. Hasta que llegó el milagroso día en el que todo debería cambiar para bien, pues me adoptaron, y yo estaba encantando de salir de aquella vida monótona.
Mis nuevos padres era una pareja casada que vivía en Alcobendas; y ahora que lo pienso, eran bastante jóvenes para conseguir tan rápido mi adopción. La casa era todo un lujo, era evidente que tenían mucho dinero, pero lo que no me esperaba era que el chollo se acabara tan pronto. Durante unos años fui el hijo de esa insulsa pareja, porque por lo que parece, llegué a su hogar en mal momento. No paraban de gritar y discutir, no recuerdo qué demonios le pasaban pero debían de tener un problema de cojones. Mi supuesto padre se fue un día y no volvió, y mi madre no paraba de beber y meterse de todo. Para colmo, no recibía ninguna atención; encima mis cosas desaparecían sospechosamente y mi madre volvía con un dinero que también desaparecía, aunque no hace falta ser muy listo para saber en qué se lo gastaba. Lo cierto es que no sé cómo sobreviví a ese maldito hogar.
A los 15 me fui de casa y dejé los estudios, de todas formas no iba nada bien. Con todo el dinero que reuní me fui al centro de Madrid. Evidentemente al cabo del tiempo se me acabó, así que lo mejor que se me ocurrió fue mendigar en el metro. Mi línea preferida de metro era la 10, allí era donde conseguía más dinero, pero aun así era insuficiente.
¿Qué pasó? Pues que observando a los carteristas del metro, me dí cuenta de que ganaban bastante; así que probé a ver que tal se me daba. Resultó ser condenadamente difícil. Me pillaron una y otra vez, aunque nunca fueron detrás de mí ni me denunciaron, a lo mejor pensaban que con el susto me iba a dar por vencido. Tenía tantos fracasos y me quedaba tan poco dinero que me decidí por lo más rastrero, robar a un hombre de color cojo que siempre veía por allí. Tenía pinta de vagabundo pero sospechaba que algo de dinero debía de tener. Justo cuando iba a apoderarme de su cartera, el tío sin ni siquiera mirarme me apresó la mano y me golpeó con el bastón que usaba de apoyo. Intenté escaparme pero fue inútil, el hombre me arrastró hasta la calle. Me agarró del hombro y me estampó junto a la pared de un edificio al lado de la boca del metro. Me examinó de arriba a abajo antes de hablar.
-Supongo que creías que era la persona más indefensa que podías encontrar en toda la ciudad. Pues bien chaval, la has cagado.
Lo estaba pasando tan mal que el tipo tuvo que darse cuenta. Volvió a hablar con una sonrisa puesta.
-Si lo que querías era una cartera llena de dinero, no tenías más que pedírmela-me dijo sacando tres billeteras de unos bolsillos interiores de su chaqueta roída- Elige la que quieras.
No podía creer lo que me estaba pasando. Cogí la que parecía más abultada sin pensarlo.
-Debe ser usted muy rico-le dije estúpidamente.
Él se carcajeó delante de mí.
-No, es que soy muy bueno- me dijo enseñándome un poco de dinero…que resultó ser el poco que yo tenía en mi bolsillo antes de cruzarme con él.
Me quedé totalmente atontado, el tipo volvió a dirigirse a mí.
-Soy Eleazar ¿Y tú?
-Daniel.
-Bien Daniel, escúchame atentamente. Norma número 1: nunca subestimes a la víctima ¿de acuerdo?
-Si señor- dije tragando saliva.
-Bien, mañana, la segunda lección. Y no te cortes, intenta robarme cuando quieras. Cuando lo consigas, estarás preparado.
Mis nuevos padres era una pareja casada que vivía en Alcobendas; y ahora que lo pienso, eran bastante jóvenes para conseguir tan rápido mi adopción. La casa era todo un lujo, era evidente que tenían mucho dinero, pero lo que no me esperaba era que el chollo se acabara tan pronto. Durante unos años fui el hijo de esa insulsa pareja, porque por lo que parece, llegué a su hogar en mal momento. No paraban de gritar y discutir, no recuerdo qué demonios le pasaban pero debían de tener un problema de cojones. Mi supuesto padre se fue un día y no volvió, y mi madre no paraba de beber y meterse de todo. Para colmo, no recibía ninguna atención; encima mis cosas desaparecían sospechosamente y mi madre volvía con un dinero que también desaparecía, aunque no hace falta ser muy listo para saber en qué se lo gastaba. Lo cierto es que no sé cómo sobreviví a ese maldito hogar.
A los 15 me fui de casa y dejé los estudios, de todas formas no iba nada bien. Con todo el dinero que reuní me fui al centro de Madrid. Evidentemente al cabo del tiempo se me acabó, así que lo mejor que se me ocurrió fue mendigar en el metro. Mi línea preferida de metro era la 10, allí era donde conseguía más dinero, pero aun así era insuficiente.
¿Qué pasó? Pues que observando a los carteristas del metro, me dí cuenta de que ganaban bastante; así que probé a ver que tal se me daba. Resultó ser condenadamente difícil. Me pillaron una y otra vez, aunque nunca fueron detrás de mí ni me denunciaron, a lo mejor pensaban que con el susto me iba a dar por vencido. Tenía tantos fracasos y me quedaba tan poco dinero que me decidí por lo más rastrero, robar a un hombre de color cojo que siempre veía por allí. Tenía pinta de vagabundo pero sospechaba que algo de dinero debía de tener. Justo cuando iba a apoderarme de su cartera, el tío sin ni siquiera mirarme me apresó la mano y me golpeó con el bastón que usaba de apoyo. Intenté escaparme pero fue inútil, el hombre me arrastró hasta la calle. Me agarró del hombro y me estampó junto a la pared de un edificio al lado de la boca del metro. Me examinó de arriba a abajo antes de hablar.
-Supongo que creías que era la persona más indefensa que podías encontrar en toda la ciudad. Pues bien chaval, la has cagado.
Lo estaba pasando tan mal que el tipo tuvo que darse cuenta. Volvió a hablar con una sonrisa puesta.
-Si lo que querías era una cartera llena de dinero, no tenías más que pedírmela-me dijo sacando tres billeteras de unos bolsillos interiores de su chaqueta roída- Elige la que quieras.
No podía creer lo que me estaba pasando. Cogí la que parecía más abultada sin pensarlo.
-Debe ser usted muy rico-le dije estúpidamente.
Él se carcajeó delante de mí.
-No, es que soy muy bueno- me dijo enseñándome un poco de dinero…que resultó ser el poco que yo tenía en mi bolsillo antes de cruzarme con él.
Me quedé totalmente atontado, el tipo volvió a dirigirse a mí.
-Soy Eleazar ¿Y tú?
-Daniel.
-Bien Daniel, escúchame atentamente. Norma número 1: nunca subestimes a la víctima ¿de acuerdo?
-Si señor- dije tragando saliva.
-Bien, mañana, la segunda lección. Y no te cortes, intenta robarme cuando quieras. Cuando lo consigas, estarás preparado.
Al día siguiente le vi en el metro, venía cojeando con ayuda de su bastón. La otra mano la tenía también ocupada, llevaba un maletín raro, tenía pinta de pesar bastante.
-Norma nº 2: cuando vayas robar a la víctima, debes parecer una de ellas-me dijo a modo de saludo- Buenos días, Dani.
Hubo un silencio y le pregunté una duda que tenía sobre él.
-Señor…
-No me llames señor, no estamos en el ejército.
-Eleazar, si es tan bueno robando ¿Qué hace aquí, todos los días en el metro?
Se echó a reír.
-Te equivocas, yo esto lo dejé hace mucho, lo de ayer fue solo un regalo para ti. ¿Has comido bien?
-Si, gracias a usted. (¡Coño! ¡Yo dando las gracias!)
-Bien.
-¿Adonde va?
-A la Gran Vía. ¿Me acompañas?
La verdad es que quería irme con él.
-Por supuesto- le dije con entusiasmo.
Allí en la Gran Vía hablamos, y él me enseñó lo que llevaba en el maletín.
-¡Ahí va! ¿Qué es eso?-le pregunté muy intrigado.
-¿No sabes lo qué es?
-No.
-Se llama saxofón.
-¿Y para qué sirve?
Se levantó, puso la maleta abierta del instrumento en el suelo para las posibles monedas, y comenzó a tocar.
-Qué música más rara- le dije cuando acabó el repertorio.
-Esa música rara, muchacho, es Jazz. La mejor de todas.
El tiempo pasó, y el viejo Eleazar se convirtió para mí en la persona más importante del mundo. La única pega era que no aprobaba mi manera de ganarme la vida. Aún así, me apoyó, y a veces, me ayudó distrayendo a los transeúntes de Madrid mientras les arrebataba las carteras, aunque eso sólo pasaba cuando no estaba en el metro. Un día me puso una condición mientras comíamos unos bocadillos en el Retiro.
-Al menos, roba a alguien que le sobre el dinero. De esas personas que derrochan el dinero en lujos. Ya sabes lo que dicen: “quien roba a un ladrón, cien años de perdón.”-estaba claro que el término ladrón no se refería a un ladrón literalmente.
Mientras hablaba le robé, para probarme a mí mismo. Y lo conseguí, ni se dio cuenta. Para mi sorpresa lo que saqué de su bolsillo era una medalla bastante rara.
-¿Qué es esto?-le pregunté pasmado
Él abrió mucho los ojos de la sorpresa, no sé si porque el alumno le había desbancado o porque había sacado la medalla.
-Eso…me lo dieron en el Ejército de Tierra español como mérito al servicio y al valor. Solo me lo dieron para que no me quejara por mi pierna.
El se limitó a palmear su pierna mala a lo que yo respondí con un asentimiento de cabeza.
-Pero recibiste una gran condecoración, es un honor recibir una medalla ¿no?-le interrogué al ver que negaba con la cabeza.
-Si te digo la verdad, prefiero mi pierna.
No solo conocí a este hombre en mi vida. También conocí a Luis. Un muchacho 4 años mayor que yo. Era despreocupado y todo un veterano del “arte” del carterismo. Lo primero que me dijo era que yo tenía estilo “mangando cosas”. No sabía a qué se refería exactamente. Finalmente nos convertimos en una especie de socios.
Pasaron 3 años así y digo así porque a partir de aquí todo cambió.
Un día, la “cosecha” había sido prácticamente escasa. Sólo un paquete de tabaco, un mechero, unos clínex y 5 €. Tras eso, decidí irme a dormir, porque no tenía un buen día, pero desgraciadamente un vagabundo me había quitado el cajero en el que dormía. No me extrañaba, eran ya las 3 y media de la madrugada. Decidí visitar a Eleazar, que supuse que estaría en el Retiro tocando su tema favorito (Round Midnight) sin más iluminación de las farolas. No escuché nada allí, pero no es que fuera raro, a veces había guardias o la gente se quejaba. Pero no era por eso. Cuando llegué a su banco, Eleazar estaba enzarzado con un grupo de tipos que daban miedo. Indudablemente eran 4 unos tíos de gimnasio y todos rapados. Uno de los cabezas rapadas le gritaba a Eleazar mientras yo me dirigía aún hacia allí a toda prisa.
-¡¿Qué te pasa negro de mierda?! ¡¿No me oyes?!-le agarró de la ropa y lo zarandeó-¡Que te vayas a tu país con los monos! A lo único que venís a nuestro país es a robar y a ensuciar España.
Le arrancó el instrumento de las manos y comenzó a pegarle una paliza brutal. Entonces algo estalló dentro de mí. Fui a por esos cabrones. Al primero le estampé un puñetazo en el ojo, y al segundo le intenté romper algún hueso de la pierna a patadas. Cuando se recuperaron de mi ataque sorpresa me tocó a mí la paliza. Dos de ellos me sujetaron mientras los otros dos me dejaban para el arrastre. Nunca había sentido tanto dolor físico en mi vida. El que parecía el líder sacó una enorme navaja y me la puso delante de los ojos.
-Así que eres un héroe ¿no? Pues mira a quién has salvado, gilipollas.
Ese cabrón apuñaló a Eleazar 13 veces delante de mí mientras los otros dos me sujetaban, aunque yo no tenía fuerzas para nada apenas sólo podía respirar. Cuando paró se acercó a mí navaja en mano. Para mi sorpresa no me hizo nada, solo limpió la empuñadura del arma y me la puso en la mano.
-A ver como convences a la pasma de que no fuiste tú, héroe.
El cabrón se creía muy listo, pero lo que no se imaginaban era que segundos después esa navaja estaba clavada en su cuello. Solo tuve fuerzas para matar a ese hijo de puta. Los otros huyeron. Me acerqué a mi mentor agonizante pero antes le pegué una patada al cadáver del facha, cuyo cuello sangraba a borbotones.
-Eleazar, no te muevas, buscaré ayuda- sabía que eso no iba a funcionar a tiempo pero tenía que intentarlo.
-Me lo merecía. Tienen razón no he hecho más que robar y estorbar a tu país- dijo el moribundo.
-¡¿Cómo demonios puedes decir eso?!¡Has servido al país más que esos gilipollas! Estuviste en el ejército, y el robar no tiene nada que ver con el país de donde vienes, sino de la pobreza que nos embarga. Yo he robado mucho más que tú y no soy extranjero…no tiene nada que ver.
-Gracias, sabía que lo entenderías Daniel. Adiós muchacho-dijo con su último suspiro.
-Adiós, viejo- no sé si me escuchó, no se me entendía mucho por el llanto.
Le cerré los ojos. Saqué el paquete de cigarrillos que robé ese día, y con manos temblorosas y ensangrentadas, me fumé uno. No sería el último. No tardaría en escuchar las sirenas de la policía.
A mis 18 años fui fichado por la policía y encarcelado por doble homicidio. Supuestamente según el fiscal yo maté a Eleazar cuando se resistió a darme su dinero, y entonces los fachas vinieron a ayudarle y durante la pelea, yo maté a uno de ellos. La verdad es que sólo maté a uno, pero no me arrepiento. Además, quién iba a creer a un delincuente como yo.
Cinco años de cárcel, y no fueron más porque las pruebas no fueron totalmente concluyentes. No contaré mi experiencia en ese agujero donde caen los fallos de la sociedad llamado cárcel.
Cuando salí a mis 23 años intenté reformarme e intentar trabajar, menudo gilipollas. ¿Quién me iba a dar empleo sin estudios, una ficha policial, y encarcelamiento por doble homicidio?
Un día me reencontré con Luis, mi colega del metro. Nos pusimos al día, y por lo visto, un mes después de mi encarcelamiento él estuvo obligado a hacer servicios en beneficio de la comunidad cuando le pillaron robando. Me sorprendió cuando me dijo que había dejado de robar, pero me di cuenta que fue para peor, ahora vendía droga, era un puto camello. No sabía que hacer, así que estuve un tiempo trapicheando, vendía piezas de coches robadas y otras cosas de mecánica y timos. Al final le pedí a Luis que me diera un poco de esa mierda que vendía para conseguir dinero y salir de aquél agujero. Vendí a todo tipo de perdedores, pero lo que no me esperaba era que mi primera clienta fuera una joven universitaria. Se llamaba Laura, y estudiaba literatura. Era lo último que podía esperar de mi primer cliente: una chica joven, guapa y que estudiaba en la universidad. Yo ni siquiera me saqué el graduado en E.S.O.
-Norma nº 2: cuando vayas robar a la víctima, debes parecer una de ellas-me dijo a modo de saludo- Buenos días, Dani.
Hubo un silencio y le pregunté una duda que tenía sobre él.
-Señor…
-No me llames señor, no estamos en el ejército.
-Eleazar, si es tan bueno robando ¿Qué hace aquí, todos los días en el metro?
Se echó a reír.
-Te equivocas, yo esto lo dejé hace mucho, lo de ayer fue solo un regalo para ti. ¿Has comido bien?
-Si, gracias a usted. (¡Coño! ¡Yo dando las gracias!)
-Bien.
-¿Adonde va?
-A la Gran Vía. ¿Me acompañas?
La verdad es que quería irme con él.
-Por supuesto- le dije con entusiasmo.
Allí en la Gran Vía hablamos, y él me enseñó lo que llevaba en el maletín.
-¡Ahí va! ¿Qué es eso?-le pregunté muy intrigado.
-¿No sabes lo qué es?
-No.
-Se llama saxofón.
-¿Y para qué sirve?
Se levantó, puso la maleta abierta del instrumento en el suelo para las posibles monedas, y comenzó a tocar.
-Qué música más rara- le dije cuando acabó el repertorio.
-Esa música rara, muchacho, es Jazz. La mejor de todas.
El tiempo pasó, y el viejo Eleazar se convirtió para mí en la persona más importante del mundo. La única pega era que no aprobaba mi manera de ganarme la vida. Aún así, me apoyó, y a veces, me ayudó distrayendo a los transeúntes de Madrid mientras les arrebataba las carteras, aunque eso sólo pasaba cuando no estaba en el metro. Un día me puso una condición mientras comíamos unos bocadillos en el Retiro.
-Al menos, roba a alguien que le sobre el dinero. De esas personas que derrochan el dinero en lujos. Ya sabes lo que dicen: “quien roba a un ladrón, cien años de perdón.”-estaba claro que el término ladrón no se refería a un ladrón literalmente.
Mientras hablaba le robé, para probarme a mí mismo. Y lo conseguí, ni se dio cuenta. Para mi sorpresa lo que saqué de su bolsillo era una medalla bastante rara.
-¿Qué es esto?-le pregunté pasmado
Él abrió mucho los ojos de la sorpresa, no sé si porque el alumno le había desbancado o porque había sacado la medalla.
-Eso…me lo dieron en el Ejército de Tierra español como mérito al servicio y al valor. Solo me lo dieron para que no me quejara por mi pierna.
El se limitó a palmear su pierna mala a lo que yo respondí con un asentimiento de cabeza.
-Pero recibiste una gran condecoración, es un honor recibir una medalla ¿no?-le interrogué al ver que negaba con la cabeza.
-Si te digo la verdad, prefiero mi pierna.
No solo conocí a este hombre en mi vida. También conocí a Luis. Un muchacho 4 años mayor que yo. Era despreocupado y todo un veterano del “arte” del carterismo. Lo primero que me dijo era que yo tenía estilo “mangando cosas”. No sabía a qué se refería exactamente. Finalmente nos convertimos en una especie de socios.
Pasaron 3 años así y digo así porque a partir de aquí todo cambió.
Un día, la “cosecha” había sido prácticamente escasa. Sólo un paquete de tabaco, un mechero, unos clínex y 5 €. Tras eso, decidí irme a dormir, porque no tenía un buen día, pero desgraciadamente un vagabundo me había quitado el cajero en el que dormía. No me extrañaba, eran ya las 3 y media de la madrugada. Decidí visitar a Eleazar, que supuse que estaría en el Retiro tocando su tema favorito (Round Midnight) sin más iluminación de las farolas. No escuché nada allí, pero no es que fuera raro, a veces había guardias o la gente se quejaba. Pero no era por eso. Cuando llegué a su banco, Eleazar estaba enzarzado con un grupo de tipos que daban miedo. Indudablemente eran 4 unos tíos de gimnasio y todos rapados. Uno de los cabezas rapadas le gritaba a Eleazar mientras yo me dirigía aún hacia allí a toda prisa.
-¡¿Qué te pasa negro de mierda?! ¡¿No me oyes?!-le agarró de la ropa y lo zarandeó-¡Que te vayas a tu país con los monos! A lo único que venís a nuestro país es a robar y a ensuciar España.
Le arrancó el instrumento de las manos y comenzó a pegarle una paliza brutal. Entonces algo estalló dentro de mí. Fui a por esos cabrones. Al primero le estampé un puñetazo en el ojo, y al segundo le intenté romper algún hueso de la pierna a patadas. Cuando se recuperaron de mi ataque sorpresa me tocó a mí la paliza. Dos de ellos me sujetaron mientras los otros dos me dejaban para el arrastre. Nunca había sentido tanto dolor físico en mi vida. El que parecía el líder sacó una enorme navaja y me la puso delante de los ojos.
-Así que eres un héroe ¿no? Pues mira a quién has salvado, gilipollas.
Ese cabrón apuñaló a Eleazar 13 veces delante de mí mientras los otros dos me sujetaban, aunque yo no tenía fuerzas para nada apenas sólo podía respirar. Cuando paró se acercó a mí navaja en mano. Para mi sorpresa no me hizo nada, solo limpió la empuñadura del arma y me la puso en la mano.
-A ver como convences a la pasma de que no fuiste tú, héroe.
El cabrón se creía muy listo, pero lo que no se imaginaban era que segundos después esa navaja estaba clavada en su cuello. Solo tuve fuerzas para matar a ese hijo de puta. Los otros huyeron. Me acerqué a mi mentor agonizante pero antes le pegué una patada al cadáver del facha, cuyo cuello sangraba a borbotones.
-Eleazar, no te muevas, buscaré ayuda- sabía que eso no iba a funcionar a tiempo pero tenía que intentarlo.
-Me lo merecía. Tienen razón no he hecho más que robar y estorbar a tu país- dijo el moribundo.
-¡¿Cómo demonios puedes decir eso?!¡Has servido al país más que esos gilipollas! Estuviste en el ejército, y el robar no tiene nada que ver con el país de donde vienes, sino de la pobreza que nos embarga. Yo he robado mucho más que tú y no soy extranjero…no tiene nada que ver.
-Gracias, sabía que lo entenderías Daniel. Adiós muchacho-dijo con su último suspiro.
-Adiós, viejo- no sé si me escuchó, no se me entendía mucho por el llanto.
Le cerré los ojos. Saqué el paquete de cigarrillos que robé ese día, y con manos temblorosas y ensangrentadas, me fumé uno. No sería el último. No tardaría en escuchar las sirenas de la policía.
A mis 18 años fui fichado por la policía y encarcelado por doble homicidio. Supuestamente según el fiscal yo maté a Eleazar cuando se resistió a darme su dinero, y entonces los fachas vinieron a ayudarle y durante la pelea, yo maté a uno de ellos. La verdad es que sólo maté a uno, pero no me arrepiento. Además, quién iba a creer a un delincuente como yo.
Cinco años de cárcel, y no fueron más porque las pruebas no fueron totalmente concluyentes. No contaré mi experiencia en ese agujero donde caen los fallos de la sociedad llamado cárcel.
Cuando salí a mis 23 años intenté reformarme e intentar trabajar, menudo gilipollas. ¿Quién me iba a dar empleo sin estudios, una ficha policial, y encarcelamiento por doble homicidio?
Un día me reencontré con Luis, mi colega del metro. Nos pusimos al día, y por lo visto, un mes después de mi encarcelamiento él estuvo obligado a hacer servicios en beneficio de la comunidad cuando le pillaron robando. Me sorprendió cuando me dijo que había dejado de robar, pero me di cuenta que fue para peor, ahora vendía droga, era un puto camello. No sabía que hacer, así que estuve un tiempo trapicheando, vendía piezas de coches robadas y otras cosas de mecánica y timos. Al final le pedí a Luis que me diera un poco de esa mierda que vendía para conseguir dinero y salir de aquél agujero. Vendí a todo tipo de perdedores, pero lo que no me esperaba era que mi primera clienta fuera una joven universitaria. Se llamaba Laura, y estudiaba literatura. Era lo último que podía esperar de mi primer cliente: una chica joven, guapa y que estudiaba en la universidad. Yo ni siquiera me saqué el graduado en E.S.O.
Laura era muy simpática y siempre estaba de buen humor vestida con su sonrisa. Siempre que venía le pedía que lo dejara, que yo solo vendía esa mierda a los que ya no les quedaba nada en la vida. Y ella tenía mucho ganado. Por lo visto, su adicción a la heroína venía de un exnovio capullo que la llevó por el mal camino. Siempre que venía yo nunca le vendía nada, le decía que lo que yo ofrecía no era para ella.
Yo me preocupaba mucho por ella. La verdad es que al principio me extrañaba que viniera a verme todos los días, porque siempre se iba con las manos vacías. La verdad era mucho más sencilla: yo quería verla a ella, y ella quería verme a mí. Cada vez pasábamos más tiempo junto, hablábamos mucho y nos caiamos bien. Me encantaba su sonrisa. Un día me contó su sueño de ser escritora conocer mundo. Aquello me parecía imposible.
Cada vez me daba cuenta de que estaba peor. A pesar de que yo no le daba nada, ella conseguía la droga en otra parte. Cada día tenía peor cara, y estaba demacrada. Le pedí que lo dejara, y ella con esfuerzo dijo que lo haría. Todo fue bien hasta que se hizo notar su síndrome de abstinencia. Ella me pedía que le pasara unos gramos, primero llorando, después a gritos, y al día siguiente pidiéndome perdón y minutos despues insultandome. La situación era insostenible. Un día que llovía como nunca vino empapada a pedirme otra vez que le pasara aquella maldita droga. Así que, a pesar de que la quería le dí un ultimátum allí, los dos empapados bajo la lluvia.
-Laura, aquí está lo que quieres-le dije enseñando la bolsa de plástico-Tendrás que elegir entre yo, y esta cosa que te destroza la vida.
Estuve una eternidad allí de pie sin decir nada, viendo cómo Laura se retorcía de dolor. Me arrebató la bolsa y se fue corriendo gritando.
-¡Lo siento¡ No puedo soportarlo más.
Al día siguiente estaba en coma.
Yo me preocupaba mucho por ella. La verdad es que al principio me extrañaba que viniera a verme todos los días, porque siempre se iba con las manos vacías. La verdad era mucho más sencilla: yo quería verla a ella, y ella quería verme a mí. Cada vez pasábamos más tiempo junto, hablábamos mucho y nos caiamos bien. Me encantaba su sonrisa. Un día me contó su sueño de ser escritora conocer mundo. Aquello me parecía imposible.
Cada vez me daba cuenta de que estaba peor. A pesar de que yo no le daba nada, ella conseguía la droga en otra parte. Cada día tenía peor cara, y estaba demacrada. Le pedí que lo dejara, y ella con esfuerzo dijo que lo haría. Todo fue bien hasta que se hizo notar su síndrome de abstinencia. Ella me pedía que le pasara unos gramos, primero llorando, después a gritos, y al día siguiente pidiéndome perdón y minutos despues insultandome. La situación era insostenible. Un día que llovía como nunca vino empapada a pedirme otra vez que le pasara aquella maldita droga. Así que, a pesar de que la quería le dí un ultimátum allí, los dos empapados bajo la lluvia.
-Laura, aquí está lo que quieres-le dije enseñando la bolsa de plástico-Tendrás que elegir entre yo, y esta cosa que te destroza la vida.
Estuve una eternidad allí de pie sin decir nada, viendo cómo Laura se retorcía de dolor. Me arrebató la bolsa y se fue corriendo gritando.
-¡Lo siento¡ No puedo soportarlo más.
Al día siguiente estaba en coma.
Y me fui, seguí huyendo de los problemas. Vagabundeando por dondequiera que fuera...hasta que llegue a Ronda. Allí voy a purgar mi alma en perfecto silencio y sumisión. A ver que mierda me pasa. Espero que algo tranquilo.
sábado, 14 de noviembre de 2009
La paciencia era lo último que me quedaba por perder.
"¿Se van a llevar el cuerpo?¿Por qué no se me ha informado?¿Va a hablar usted con los familiares de la víctima?"
¿Qué qué qué? En menuda mierda me estoy metiendo ya. ¿Qué coño le digo yo a este tio? En cualquier otra circunstancia le partia la cara, pero no creo que sea lo mejor en medio de comisaria.
Sigo sin saber que decirle, primero digo que sí, luego que no...por Dios parezco subnormal. No sé que coño como agente del CNI, lo más cerca que estuve de ser agente fue estar esposado en comisaria. ¿Por qué demonios no sé que decir?¿Por qué mierda no se me ocurre algo ingenioso?
¿Por qué cojones mi cerebro está vacío?
Gabriel sabría qué decir en este momento. Soy un cabrón, no paro de mandarle mensajes. Su movil apagado, estará hasta los cojones.
"Espere a mi superior" es lo único que digo, y la lío todavía más, el jefe de policía me echa mierda por todos lados, y yo me siento un mierda. Todas las opciones que se me ocurren no son nada burocráticas.
¿Por qué me utilizan?En serio ¿Acaso sirvo para algo?
Se me va la pinza, el tono del policía no me gusta un pelo...me recuerda al mamón ese que me esposó con tanta fuerza en el Retiro hará unos pares de años. Llevo 6 meses intentando ocultar lo gilipollas que soy ante mis compañeros de armas, apenas abro la boca, intento no meterme en sus cosas, y hago lo que se me ordena (por desgracia, solo lo que me ordenan) y es el tono de chulo del cabrón ese el que hace que se me caiga la máscara. He perdido lo único que me quedaba, la paciencia.
"¡El cuerpo no se mueve de aquí ostias!"
Por no contar el resto del griterío e insultos que propiné allí. Hacía tiempo que no gritaba en una comisaría.¡Coño! Quién me iba a decir que iba sentir nostalgia de aquello.
Tras todo este tiempo intentando ser el buen soldadito, siempre obediente, nada replicador, manteniendome quieto hasta cuando debería actuar...a tomar por culo. Me importa una mierda, he estado toda mi puta vida en un agujero, soy un tirado de la calle, no un investigador de la ostia. Si me quieren putear, que me lo hagan a mí. Si tienen algún problema conmigo...que me devuelvan a mi cajero, malditos bastardos.
Tras seis meses de silencio, he decidido ser como siempre he sido. He comprobado que todo este tiempo la he estado cagando, por mucho que callara y obedeciera. Ahora, hablaré, y voy a ser yo mismo, aunque mis compañeros no me reconozcan. Si voy a estar cagandola...voy a cagarla bien.
¿Qué qué qué? En menuda mierda me estoy metiendo ya. ¿Qué coño le digo yo a este tio? En cualquier otra circunstancia le partia la cara, pero no creo que sea lo mejor en medio de comisaria.
Sigo sin saber que decirle, primero digo que sí, luego que no...por Dios parezco subnormal. No sé que coño como agente del CNI, lo más cerca que estuve de ser agente fue estar esposado en comisaria. ¿Por qué demonios no sé que decir?¿Por qué mierda no se me ocurre algo ingenioso?
¿Por qué cojones mi cerebro está vacío?
Gabriel sabría qué decir en este momento. Soy un cabrón, no paro de mandarle mensajes. Su movil apagado, estará hasta los cojones.
"Espere a mi superior" es lo único que digo, y la lío todavía más, el jefe de policía me echa mierda por todos lados, y yo me siento un mierda. Todas las opciones que se me ocurren no son nada burocráticas.
¿Por qué me utilizan?En serio ¿Acaso sirvo para algo?
Se me va la pinza, el tono del policía no me gusta un pelo...me recuerda al mamón ese que me esposó con tanta fuerza en el Retiro hará unos pares de años. Llevo 6 meses intentando ocultar lo gilipollas que soy ante mis compañeros de armas, apenas abro la boca, intento no meterme en sus cosas, y hago lo que se me ordena (por desgracia, solo lo que me ordenan) y es el tono de chulo del cabrón ese el que hace que se me caiga la máscara. He perdido lo único que me quedaba, la paciencia.
"¡El cuerpo no se mueve de aquí ostias!"
Por no contar el resto del griterío e insultos que propiné allí. Hacía tiempo que no gritaba en una comisaría.¡Coño! Quién me iba a decir que iba sentir nostalgia de aquello.
Tras todo este tiempo intentando ser el buen soldadito, siempre obediente, nada replicador, manteniendome quieto hasta cuando debería actuar...a tomar por culo. Me importa una mierda, he estado toda mi puta vida en un agujero, soy un tirado de la calle, no un investigador de la ostia. Si me quieren putear, que me lo hagan a mí. Si tienen algún problema conmigo...que me devuelvan a mi cajero, malditos bastardos.
Tras seis meses de silencio, he decidido ser como siempre he sido. He comprobado que todo este tiempo la he estado cagando, por mucho que callara y obedeciera. Ahora, hablaré, y voy a ser yo mismo, aunque mis compañeros no me reconozcan. Si voy a estar cagandola...voy a cagarla bien.
jueves, 8 de octubre de 2009
El peso de los galones.
En menuda mierda me he metido. No era suficiente con la sanguijuela de Márquez suelta por ahí (a la mierda su graduación), sino que para mayor marrón Gabriel quiere dejar los galones de cabo. Dice que es lo mejor para la compañía, que nos ha causado daño el seguirle nosotros, que por su culpa estámos así de jodidos porque se ha dejado llevar o algo así. ¡¿Quién cojones le ha metido esas ideas en la cabeza?! ¿Acaso cuando Márquez desapareció se metió en su cabeza y ahora nuestro peor enemigo es Gabriel intentando dejar el cargo que nos ha mantenido lejos de una bolsa de cadáveres?
Lo peor es que todos estamos de acuerdo en que siga siéndolo, menos él, y lo que nosotros digamos, va a misa.
Espera espera, que la lluvia de mierda no acaba aquí. A quien le tocaría cargar con los galones en el muy deseperado caso de que Gabriel no recapacite (espero que eso no pase joder), es a mí, al menda. Si, yo. Sé que no tenemos razones para estar cuerdos, pero ¿Yo siendo cabo de la Compañía? ¿Un tirado de la calle que lo más cerca que ha estado de eso fue organizar a los carteristas del metro de Madrid, o liderar alguna pelea callejera contra niñatos de extremaderecha?
Lo hemos intentado de todas las maneras posible (o eso creo) ni siquiera lo ha conseguido Mariam argumentándole a Gabriel que no me veía en el cargo (no se lo reprocho, sé que lo hace con buena intención, ademas qué coño ¡Tiene razón!) Ella se esfuerza, se nota que hace acopio de voluntad para hablar e intentar convencerlo. Si alguien puede convencer y ayudar a Gabriel, estoy seguro de que esa es Mariam.
Diego parece que reacciona e intenta ayudar. Pero a la misma vez intenta como mantenerse al margen, como si lo que pudiera decir no fuese a cambiar nada (cabrón pesimista). Seguro que está pensando en su hija, novia...lo que sea, en Laniel. Ya le queda menos para la familia feliz, ahora tiene un gato llamado Mefistófeles (JA JA ¬¬) Aunque es posible que lo castre, si no me ayuda con lo que sabe de Laura. Ahora es el momento perfecto para acercarse a ella y sacarla de esa pesadilla, y que no vuelva a verme más. Para siempre.
El día que dijo Gabriel de dejar el cargo me pasó algo inusual. Ocurrió cuando Diego quiso dejar de "meter presión" según dijo él, mientras intentaba quedarse en un segundo plano del debate. Me descubrí...no sé explicarlo, casi como desconfiando de él. Es decir ¿Sabemos algo realmente de Diego? Aún no sé qué es lo que le hace quedarse en este agujero, ni siquiera sé a qué se dedicaba. Creo que fue la primera vez en que dejé de mirar mi propia mierda y pensar en el pasado de los demás.
Me estoy desviando del tema. Finalmente aquel día acepté los galones, porque Gabriel tenía que descansar y dejar de comerse la cabeza. Cuando despertara y estuviera descansado y con la cabeza fría, le mostraría mis verdaderas intenciones de no querer el cargo para nada. Me arriesgo a que se cague en mis muertos, pero es posible que recapacite después de un buen descanso.
Al final, para mi desgracia, no fue exactamente así, pero creo que lo estamos consiguiendo (¡hasta el Gérmenes está colaborando sin saber apenas nada!).
Gabriel dice que no merece el cargo, que nos ha llevado a la ruina, pero nadie le dijo que los galones no hacen al líder. Yo no he seguido a unos galones con patas. He seguido a Gabriel no por lo que porta en sus hombros, eso es lo de menos. Él puede disfrazarse de lo que quiera que lo seguiré siguiendo. Porque el liderazgo se lleva en la sangre y no en los galones.
Lo peor es que todos estamos de acuerdo en que siga siéndolo, menos él, y lo que nosotros digamos, va a misa.
Espera espera, que la lluvia de mierda no acaba aquí. A quien le tocaría cargar con los galones en el muy deseperado caso de que Gabriel no recapacite (espero que eso no pase joder), es a mí, al menda. Si, yo. Sé que no tenemos razones para estar cuerdos, pero ¿Yo siendo cabo de la Compañía? ¿Un tirado de la calle que lo más cerca que ha estado de eso fue organizar a los carteristas del metro de Madrid, o liderar alguna pelea callejera contra niñatos de extremaderecha?
Lo hemos intentado de todas las maneras posible (o eso creo) ni siquiera lo ha conseguido Mariam argumentándole a Gabriel que no me veía en el cargo (no se lo reprocho, sé que lo hace con buena intención, ademas qué coño ¡Tiene razón!) Ella se esfuerza, se nota que hace acopio de voluntad para hablar e intentar convencerlo. Si alguien puede convencer y ayudar a Gabriel, estoy seguro de que esa es Mariam.
Diego parece que reacciona e intenta ayudar. Pero a la misma vez intenta como mantenerse al margen, como si lo que pudiera decir no fuese a cambiar nada (cabrón pesimista). Seguro que está pensando en su hija, novia...lo que sea, en Laniel. Ya le queda menos para la familia feliz, ahora tiene un gato llamado Mefistófeles (JA JA ¬¬) Aunque es posible que lo castre, si no me ayuda con lo que sabe de Laura. Ahora es el momento perfecto para acercarse a ella y sacarla de esa pesadilla, y que no vuelva a verme más. Para siempre.
El día que dijo Gabriel de dejar el cargo me pasó algo inusual. Ocurrió cuando Diego quiso dejar de "meter presión" según dijo él, mientras intentaba quedarse en un segundo plano del debate. Me descubrí...no sé explicarlo, casi como desconfiando de él. Es decir ¿Sabemos algo realmente de Diego? Aún no sé qué es lo que le hace quedarse en este agujero, ni siquiera sé a qué se dedicaba. Creo que fue la primera vez en que dejé de mirar mi propia mierda y pensar en el pasado de los demás.
Me estoy desviando del tema. Finalmente aquel día acepté los galones, porque Gabriel tenía que descansar y dejar de comerse la cabeza. Cuando despertara y estuviera descansado y con la cabeza fría, le mostraría mis verdaderas intenciones de no querer el cargo para nada. Me arriesgo a que se cague en mis muertos, pero es posible que recapacite después de un buen descanso.
Al final, para mi desgracia, no fue exactamente así, pero creo que lo estamos consiguiendo (¡hasta el Gérmenes está colaborando sin saber apenas nada!).
Gabriel dice que no merece el cargo, que nos ha llevado a la ruina, pero nadie le dijo que los galones no hacen al líder. Yo no he seguido a unos galones con patas. He seguido a Gabriel no por lo que porta en sus hombros, eso es lo de menos. Él puede disfrazarse de lo que quiera que lo seguiré siguiendo. Porque el liderazgo se lleva en la sangre y no en los galones.
jueves, 25 de junio de 2009
Carta a Laura.
Perdóname Laura.
Con esta carta he enviado un ramo de rosas. Sé que te gustan las rosas, pero no sé si de este color en especial. Son amarillas. Según dicen, estimula la memoria, que son evocadoras del verano y del sol, con lo cual, cuando se está triste o se añora el verano, pueden ayudar a levantar el ánimo...también representan el amor agonizante. Tu habitación huele a rosas, para que me recuerdes, y siempre habrá rosas, te lo prometo. También te he traído el libro que estabas leyendo: "La sombra del viento", para que algún día puedas acabarlo.
Tus amigas de la facultad te visitarán y te cuidarán. No saben quién soy, pero no me miran con buenos ojos, aunque no me extraña, yo soy el culpable de todo esto. No puedo soportar sus miradas de desconfianza.
Esta es mi despedida. No tengo suficientemente dinero para tu mantenimiento y rehabilitación, y no pienso ganar el dinero de la misma forma con la que te conocí. Voy a trabajar, no sé donde, quizás fuera de Madrid. Aunque lo supiera no te lo iba a decir. Voy a trabajar, y me voy a comer cualquier marrón que se me ponga por delante para que te recuperes. Cuando eso pase...desapareceré de tu vida, para siempre.
Daniel.
He hablado con el doctor y los encargados. No voy a volver a visitarte. Lo siento.
No podía comenzar esta carta de otra manera que no fuera pidiendo perdón. Qué estúpido fui. Estabas sufriendo, estabas luchando con todas tus fuerzas, y en un momento de debilidad te di un ultimátum de la peor de las maneras posibles...tentándote con aquello que te mataba.
Con esta carta he enviado un ramo de rosas. Sé que te gustan las rosas, pero no sé si de este color en especial. Son amarillas. Según dicen, estimula la memoria, que son evocadoras del verano y del sol, con lo cual, cuando se está triste o se añora el verano, pueden ayudar a levantar el ánimo...también representan el amor agonizante. Tu habitación huele a rosas, para que me recuerdes, y siempre habrá rosas, te lo prometo. También te he traído el libro que estabas leyendo: "La sombra del viento", para que algún día puedas acabarlo.
Tus amigas de la facultad te visitarán y te cuidarán. No saben quién soy, pero no me miran con buenos ojos, aunque no me extraña, yo soy el culpable de todo esto. No puedo soportar sus miradas de desconfianza.
Esta es mi despedida. No tengo suficientemente dinero para tu mantenimiento y rehabilitación, y no pienso ganar el dinero de la misma forma con la que te conocí. Voy a trabajar, no sé donde, quizás fuera de Madrid. Aunque lo supiera no te lo iba a decir. Voy a trabajar, y me voy a comer cualquier marrón que se me ponga por delante para que te recuperes. Cuando eso pase...desapareceré de tu vida, para siempre.
Daniel.
domingo, 14 de junio de 2009
Llaves multicolores
Todos conocemos el dicho "las apariencias engañan". Un dicho que podría describirme pero que describe mejor todavía al cabo Asarta. ¿Qué pretende este hombre? ¿Es un mandado, o algo más? ¿Es tan tonto como parece? ¿Es tan irritante por que sí? ¿A qué se debe la bipolaridad en su tono de voz?
Él sabe mucho más de lo que aparenta, y traga encantado toda la mierda de Márquez.
¿Por qué?
¿Podría estar siendo manipulado por Márquez al igual que Soler?
Podría ser, ya me puedo esperar cualquier cosa.
Pero esto es más raro todavía ¿Por qué tiene llaves y carpetas multicolores?
Nunca he visto carpetas que se abran con llaves. A no ser, que encierren un secreto.
Solo hay una manera de averiguarlo. Hacer que misteriosamente caigan esas llaves en mi bolsillo.
Él sabe mucho más de lo que aparenta, y traga encantado toda la mierda de Márquez.
¿Por qué?
¿Podría estar siendo manipulado por Márquez al igual que Soler?
Podría ser, ya me puedo esperar cualquier cosa.
Pero esto es más raro todavía ¿Por qué tiene llaves y carpetas multicolores?
Nunca he visto carpetas que se abran con llaves. A no ser, que encierren un secreto.
Solo hay una manera de averiguarlo. Hacer que misteriosamente caigan esas llaves en mi bolsillo.
domingo, 7 de junio de 2009
Sin infancia.
Ese dibujo...
Mamá buena.
Papá valiente.
Yo sola...
Sola...
Solo...yo también solo. Mamá buena. Papá valiente.
Mamá,papá...
¿Dónde estábais cuando más os necesitaba?
No...no debo llorar, no, no. No voy a llorar.
Demasiado tarde.
Mamá buena.
Papá valiente.
Yo sola...
Sola...
Solo...yo también solo. Mamá buena. Papá valiente.
Mamá,papá...
¿Dónde estábais cuando más os necesitaba?
No...no debo llorar, no, no. No voy a llorar.
Demasiado tarde.
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