sábado, 8 de agosto de 2026

8 de Agosto

Arde todo el cielo. Los ojos me brillan con un petardo de confeti y chiribitas. Me he quedado dormido en mitad de mis despertares. Y entre todo el fuego del espacio me pregunto si tantas luces son reales o son solo una ilusión de unos rayos lejanos. Beber el café de las mañanas sabe distinto después de tanto endulzarlos con tus luceros verdes, y me pregunto si podrán soñarme igual durante tanto tiempo. 

Y miro mis piececitos. Descubro que soy un equilibrista en la escalerilla más alta del universo. Me hago consciente de que la construí sin tener equilibrio, sin ser un saltimbanqui. Solo un payaso que quería hacer música con tu risa, solo para sentir cosquillitas bajo mis pies, en la búsqueda de la misma sensacion de clavarme los chinitos de la arena. Ahora soy un congelado payaso que salta y salta explorando todos los besos que te he dado, y que recuerda que cada uno de ellos colgó un farolillo y que todos y cada uno de ellos tienen su nombre propio.

 

A veces me pregunto ¿habrá demasiados? Tanta luz me ciega y no sé ya ni a donde quiero ir ni en qué me convertiría si se apagaran y me quedara oscuras. Miles de direcciones y ningún camino, como un autoestopista en el sistema solar. 

 

Saco el pulgar a la lluvia de estrellas que va a toda velocidad por las carreteras de la galaxia, cada una con un deseo como copiloto. Se apagan todos los semáforos pero veo que tu luz sigue a lo lejos, iluminando mi sien y refractando todos los colores del arcoiris sobre mi frente. 

Y descubro todos los agujeros negros. Te busco en ellos para preguntarte si sabes tú de qué está hecha la luz

 

¿Estará hecha de una suerte inalcanzable? ¿Será de posibilidades? ¿de todo y nada? ¿Será de despertares con abrazos o de una forma distinta enamorarnos del Ártico al Antártico? ¿De qué está hecho el techo de nuestros corazones y qué tacto tiene? 

Voy por la autopista. Hago un stop en la luna, ando descalzo y hago castillos de arena en su cara oscura con las mil huellas que hemos dejado juntos. Quizás no hay deseos que pedir, solo un nuevo querer que inventar. Te vuelvo a buscar entre las dunas de la luna. Solo hago tiempo. Dejo que el silencio cante con la música de los planetas girando; y que la ausencia me abrace en la blanca arena mientras sueño contigo en todas tus formas.

Ahora charlo con las nubes, aunque cansado de palabras.

Avisto que pasas de sol a estrella fugaz. Y pasas, y pasas, y vuelves a pasar y yo sin saber qué deseo pedir, pero sabiendo que quiero que sigas pasando y brillando.  Pido saber dónde encajar, dónde encontrar ese faro dónde yo no estorbe ni moleste, ni opaque ninguna luz. Un sitio dónde poder avistar el sur de los viejos lugares donde fui feliz. Lugares donde volver a encontrarme contigo de casualidad por la calle, comer porquerias, ir a todos los sitios andando, y que el mayor plan fuera, no la aventura ni la emoción, sino la compañía. 

Un sitio donde también ver el norte, donde observo un mar oscuro y embravecido donde seré feliz. Ya sin pensar qué pedir, solo viendo la lluvia a la que no pido ya ningún deseo, solo que nos bendiga a los dos con la buena suerte que nos merecemos. 

 

Y seguir. 

 




No hay comentarios:

Publicar un comentario