viernes, 23 de diciembre de 2011

Encadenado en el vacío de mi interior.
Una prisión formada por uno mismo, la prisión perfecta. Formada por unos grilletes que no aprisionan las muñecas.
Más quisiera... al menos sabría cómo me oprimen.
Su espantoso sabor cobrizo atraviesa mis venas hasta el corazón. Robando momentos por latidos que nunca volveré a recuperar.
Grilletes, cadenas y candados forjados por mis cuatro males. Apatía, cansancio, desánimo y desengaño.
La prisión de sentirse vacío. La espantosa libertad de flotar en la nada. Sentirse un cadáver aún sin descomponer.

Qué ésta jodida sensación se vaya...por favor.

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