lunes, 11 de agosto de 2014

8 de agosto

No sé a donde me lleva este camino, solo sé que habla de nuestro futuro. No sé cual será la meta, ni cuales sus paradas, pero nos basta con volver la vista atrás para sentir que las huellas han marcado una historia que ni el mar ni el viento borrará. El tiempo ha dejado mijitas de recuerdos que nos relata como empezó todo y cómo comenzamos este viaje. Mijitas en el camino que nos sirven para encontrar un punto cuando nos perdemos en la noche y así volver a empezar.

Dicen que un camino no sabe lo que es si no se puede ver el final. Dicen que el destino de un viaje se basa en llegar a algún sitio para estar en un lugar mejor. Dicen que el sentido de un viaje es la meta, el final, el destino.

Este fantástico viaje rompe con todo lo que cualquiera podría imaginar. Rompe con todo lo establecido, todo lo corriente, todo lo sabido y conocido.

Porque lo que hace maravilloso este viaje no es su destino, ni su meta, ni si al final del camino hay luz u oscuridad, ni premios o castigos, ni un futuro mejor o peor.

El destino de este viaje, desde el momento de que dimos nuestro primer paso juntos, has sido y siempre serás tú. Porque eres la única que sabes hacerme volver cuando me pierdo en la oscuridad de la noche.

Porque no me importa a dónde me lleve este camino ni cuál es el final. Lo que hace maravilloso un viaje es quién lo comparte contigo. Y yo tengo a la mejor compañera de aventuras avanzando en un dirección que ni sabemos.

Pero da igual.

Lo único que importa es que caminas a mi lado.



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