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lunes, 6 de febrero de 2012

Sois libres

Os devuelvo al lugar donde todo está pintado con el color del pasado: vuestro entorno, vuestra pecera, el agua en el que respiráis. No me daba cuenta de cuánto necesitabais volver a danzar sobre el vacío color marfil. Una vez más en comunión con vuestra nostalgia, reviviendo toda vuestra larga vida, todo por lo que sufristeis y añorasteis querer ser algún día. Desde el mayor hasta el frágil, dejando sus diferencias para volver a ser uno. Terapia para el alma y desahogo de sentimientos que juegan al escondite.

Ahora se siente mucho mejor...es increíble que la ausencia incluso llegara a doler.


Quizás nunca debí sacaros de allí. Ahora podéis volar, una vez más.

Qué haría sin vosotros...

lunes, 21 de diciembre de 2009

Notas de hielo y cristal.

Las lágrimas del cielo se estrellaban contra el cristal, se derramaban, renegadas caían lentamente atravesadas por la luz ámbar de los luceros urbanos. El viento se ondulaba en una danza invisible bailando al mi alrededor, absorbiéndome los latidos del corazón. Pero el ritmo sigue siempre constante, mi pie marcando el tiempo sobre el pedal...el tempo, diría mi eterno amigo de madera en una de esas noches de soledad. El aire gélido baila a mi alrededor, me roza la piel en caricias muertas y me roba la vida en susurros ululantes. Comienzo a rozar las blancas teclas...suenan claras, frías, constantes y crecientes en tensión. El frío ululante e indignado pretende robarme la atención, me atraviesan como cuchillas el alma, como cientos de amores rotos. Me recorren cada y uno de mis carnes hasta salir por las yemas de mis dedos. Intento mantener el coloquio de gestos con el piano. No...no quiere hacerme daño, el aire gélido que comienza a brotar de mis dedos se congela en mis yemas, me regala un sonido que nunca jamás había salido de mí. Notas frágiles, tímidas que ganan más fuerza que la anterior y volviendo a ser recogidas tiernamente. Esas notas de hielo y cristal. La lluvia comienza a repiquetear más alegremente en la noche, ya no se siente sola en su música. La acompaño al piano en su percusión caótica. La acompaño en florituras cálidas arpegiadas. Sigue lloviendo, mis notas también llueven, hacia arriba, hacia abajo, olas de sentimiento sin destino. El agua del cielo lo purifica todo, lava el alma, enfría, cala hasta el alma y la purifica. Llueve sobre enamorados no reconocidos, sobre solitarios, alegra al precavido y fastidia al perezoso, saca lo mejor de nosotros y lo peor. Ahora también llueve mis notas no escuchadas por otra persona, aún así existen, aunque nadie me crea. Crece la tensión, es el crescendo de la lluvia. Un descenso atropellado. Silencio. Vuelta al murmurar de la música. Pregunta de las graves y oscuras, respuestas de las finas y agudas. Murmullo decreciente, se pierde en la oscuridad, solo es un susurro.

Silencio.

El frío de mis dedos se ha evaporado. Mi música se fué con él.


Mi piano, eterno cascarrabias, tenía que tener siempre la última palabra.
-La lluvia la provocaste tú.

sábado, 22 de agosto de 2009

Conversaciones a oscuras.

Entre tinieblas buscaba acariciar el sonido del romanticismo. Y entre penumbras allí lo hayé, pues siempre estaba en el mismo lugar, y allí debía permanecer en la oscuridad. Abrí delicadamente sin poder ver, la caja de que guardaba sonidos por arrancar. Sin embargo, se asustó, pues estaba muy oscuro, y era evidente que no eran horas.

-¡Recontracorcheas y semicorcheas!-maldijo el asustado.-¡Por las claves de sol y fa!¿Qué horas son estas?
-No puedo dormir.-dije a modo de disculpa mientras le acariciaba sus dientes de marfil.
-Vaya, pues no te quejes por el calor, que a mí la humedad me deja para el arrastre y nunca me quejo. Y encima, solo me afinan una vez al año. Uno tienes también sus necesidades y no está hecho de piedra ¿sabes?-soltó malhumorado y después comenzó a murmurar para sí mismo-¿Mmm?¿Cómo sería ser de piedra?
-No, no es el calor, solo los ángeles, que me han desvelado. Tranquilo solo ocuparé un poco de tu tiempo.
-¿Tiempo?¡Tempo!- me corrigió mi interlocutor irritado.
-Eso, tempo.
-Pues nada, a su disposición señorito, más le vale que me utilice para buenos fines, a veces no me gusta ni a mí escuchar mi propia voz, así que cuidado con lo que me haces decir, o a ver las melodías que me sacas...
-Oye, solo quería unos nocturnos...
-¡Chitón! A mi me construyeron para ser escuchado, no para escuchar, así que callate y empieza. En cuanto a los nocturnos, de Chopin ¿no?-no me dejó ni contestar y siguió la parrafada- Es lo más acertado que ha pasado por tu cocorota, ya que es de noche. Nocturnos, noche ¿Lo pillas?-ni siquiera intenté disimular ante un chiste tan malo, si es que a eso se le puede llamar chiste.
-A veces no sé ni cómo te soporto. Diez años aguantándote.
-Já. ¿Y crees que yo no te tengo que soportar? Maldito niño. Empecemos cuanto antes.
-Encenderé la luz.-dije mientras lo acompañaba con la acción.
-Argggg ¿Pero qué haces? Es de noche y hace luna llena. ¿Qué mejor manera de tocar un nocturno que a la luz de la luna y a oscuras.
-Tienes razón. Y ahora, cállate.-le pedí mientras me situaba frente a él.
-Dudo mucho que eso pueda ser, si quieres continuar.-me advirtió él, que era lógico, incluso antes de empezar, me cansaba.

La última nota se apagó cuando la noche se consumió.